Este texto es una carta escrita por María Ignacia de la Santísima Trinidad, dirigida a su hermano D. Juan José Botero, en 1781. En ella, la autora reflexiona sobre la renuncia a herencias y derechos, propiciando un diálogo sobre los bienes de su madre y la necesidad de manejar sus intereses en el contexto religioso. Se detalla que no realizó una renuncia formal, y se solicita el cuidado en el manejo de los bienes familiares. Además, menciona la importancia de mantener la paz entre hermanos y apela a la fe en Dios. La carta también incluye aspectos administrativos del patrimonio familiar.
