Ana María refleja con orgullo su herencia familiar a través de un nombre que ha perdurado por generaciones, mencionando a varias antepasadas que llevaron el mismo nombre en su árbol genealógico. El texto describe un testamento escrito en 1698, que detalla las últimas voluntades de Ana María de Toro Zapata, quien solicita la distribución de sus bienes y realiza revocaciones sobre cláusulas previas. También se menciona la inclusión de un codicilo en el testamento, donde expresa su voluntad respecto a las herencias y deudas. Se reconoce la investigación documental de Ana María Mejía de Whiteside y se agradece a Daniela Marín Gil.
