En 1663, en Induraín, Navarra, se presenta el expediente de María Alzate y Oláiz para ingresar como religiosa en la Orden de San Juan de Jerusalén. La solicitud proviene de la serora de la Iglesia de Santa Catalina, quien destaca su deseo de recibir el hábito de obediencia. A través de testimonios, se confirma su legitimidad, limpieza de sangre y la honradez de sus padres, San Juan de Alzate y Catalina de Oláiz. El capítulo provincial otorga la comisión para la investigación, y tras comprobar su idoneidad, María es admitida, firmándose la aprobación en septiembre de 1663.
